La otra cara, la Colombia solidaria - SomosPanasColombia
  • La otra cara, la Colombia solidaria

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    Refranes como hoy por ti, mañana por mí, o muchos pocos hacen mucho, son adagios populares conectados profundamente con la solidaridad, que en momentos como estos, donde miles de personas venezolanas necesitan de una mano protectora, no se pueden quedar en un conjunto de palabras significativas, sino en hechos y acciones concretas de apoyo.
    Desde la sociología, la solidaridad está definida como aquella que hace referencia al sentimiento y la actitud de unidad, cuyo único interés es el común, es decir, se refiere a ayudar a otros sin recibir nada a cambio.
    Tan clara como es esta definición, es también la actitud de muchas personas que se han volcado a acoger migrantes y refugiados venezolanos que han dejado su país para buscar mejores condiciones de vida.
    Al terminal de transportes de Bogotá, que se ha convertido en un punto de encuentro de muchos venezolanos que continúan su tránsito hacia algún lugar o deciden quedarse en la capital, llegan colombianos que ofrecen desde un alojamiento, hasta alimentos calientes para mitigar el frío bogotano.
    Allí también se encuentra habilitado el Centro de Acogida y Acción Pastoral de la Terminal de Transporte Terrestre – CATT, perteneciente a la Arquidiócesis de Bogotá y dirigido por la comunidad de Hermanas Escalabrinianas desde hace 25 años. La función principal de esta oficina es la de acoger y atender de primera mano necesidades básicas, tales como una llamada de larga distancia, atención médica de urgencia o una cobija para pasar el frío de la capital.
    María Adriana Pinzón es la profesional social encargada de la oficina que funciona en el módulo cinco, local 123 de la terminal de transportes. Ella asegura que “la terminal de transportes es un punto receptor muy grande. Nosotros ayudamos en lo que podemos, pero los recursos son escasos. Les hemos apoyado con parte de la compra de un pasaje o con un kit de comida para tratar de cesar el hambre. Cuando aparece una situación especial es atendida inmediatamente”.
    Una ducha de agua caliente y un plato de comida
    El punto de atención de la terminal no es el único perteneciente a La Fundación de Atención al Migrante, FAMIG, sino también un centro de acogida que se ubica en la localidad de Fontibón.
    En este lugar, que está acondicionado con duchas eléctricas, habitaciones, comedor y alimentación, llegan todos los días un grupo aproximado de 15 a 20 personas, provenientes de la terminal de transporte, para ducharse y obtener un cambio de ropa limpia.
    “Una vez las personas venezolanas llegan a la terminal de transportes, a nuestra oficina, se les pregunta quién quiere bañarse y almorzar o identificamos casos puntuales como mamitas con niños pequeños en brazos o personas con un estado de salud grave. Una vez organizado el grupo los trasladamos hasta la casa de acogida y empezamos la labor”, señala la Hermana Teresiña, directora ejecutiva de la fundación.
    De la mano de los voluntarios y trabajadores de la casa de acogida, los venezolanos reciben una toalla limpia y ropa de acuerdo a su talla, hacen fila para ducharse, y mientras esperan, algunos caen profundamente dormidos producto del cansancio del viaje y otros conversan, entre sonrisas, de los planes que luego vendrán una vez hayan compartido el almuerzo.
    “Aquí retomamos una fuercita para continuar nuestro camino. Toca seguir caminando y buscar qué hacer, pero con ayuditas como esta ya es más fácil la cosa”, asegura Franklin Peña proveniente del estado Aragua de Venezuela, quien ha caminado desde Cúcuta con sus dos hijos mayores para llegar a Cali, su ciudad de destino.

    Tunja, un refugio de paso para los caminantes

    Los últimos meses, colombianos que transitan por la vía que desde Cúcuta conduce a Tunja, la capital del departamento de Boyacá, han sido testigos del paso de centenares de caminantes venezolanos que soportan los largos trayectos y el frío para llegar hasta Ecuador o Perú.
    Durante su recorrido han encontrado acciones solidarias de algunos colombianos que, mediante una “cola” o aventón como se conoce en Venezuela, han acortado varios kilómetros de camino y han logrado reducir un poco el dolor de los pies.
    Pues bien, los caminantes venezolanos que han optado por esta ruta, hacen una parada en la casa refugio del Espíritu Santo, un lugar que nació 28 de julio de 2018 gracias a solidaridad de Anny Uribe e Ignacio Rincón; ella venezolana y él un músico colombiano; una pareja de esposos que, a la fecha, han recibido a más de 2.000 migrantes y refugiados venezolanos en esta casa de paso.
    A pesar de su corta apertura, el lugar pudo salir a flote tan rápidamente y sostenerse gracias a las donaciones que todos los días llegan hasta esta casa ubicada a una cuadra y media de la terminal de transportes de Tunja.
    “Gracias a Dios, todos los días y a cada hora, un colombiano está tocando la puerta ofreciendo cualquier cosa, desde bultos de papa hasta camionadas de mercado. He recibido personas que manejan hasta dos horas para poder traer alimentos y ropa”, señala Anny Uribe, directora del Refugio Espíritu Santo
    Ejemplos como el de la Fundación de Atención al Migrante, FAMIG, en Bogotá; del refugio del Espíritu Santo en Tunja, y de las organizaciones de ayuda a los venezolanos que existen en Colombia, reflejan un panorama esperanzador de solidaridad en el país.

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