“Que nadie tenga que vivir lo que estamos viviendo”, migrante venezolana - SomosPanasColombia
  • “Que nadie tenga que vivir lo que estamos viviendo”, migrante venezolana

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    Este es el sentimiento de María Eugenia Castro, una venezolana de 49 años que hace tres meses llegó a la capital de Colombia, proveniente de la ciudad más poblada del Estado Carabobo, Valencia, en Venezuela. María Eugenia desea, tomando un fuerte suspiro, que el pueblo colombiano nunca tenga que pasar por la misma situación que están viviendo miles de sus hermanos venezolanos.

    María llegó a Colombia hace tres meses trayendo consigo a su hijo menor y a su pequeño nieto. Ella, a diferencia de otras personas venezolanas, que han tenido que dejar gran parte de la suela de sus zapatos en las trochas colombianas para poder llegar la Bogotá, o alguna otra capital del país, tuvo suerte y logró conseguir el dinero para comprar un pasaje de bus que la llevara desde Cúcuta hasta Bogotá.

    “Afortunadamente pudimos pagar el pasaje porque hay otros que hemos conocido que les ha tocado venirse a pie, pasando hambre y frío, con niños en brazos; eso me parte el alma. Dios en ese aspecto nos miró con dulzura y por lo menos tuvimos un buen viaje. Hay muchos venezolanos que la están pasando con mucho trabajo”, asegura María Eugenia

    María Eugenia no se aleja de la realidad, efectivamente muchos de sus compatriotas, migrantes y refugiados venezolanos, han tenido que caminar más de 200 kilómetros, más de cinco días; sin comer ni dormir, con grandes maletas a cuestas y el sol como testigo de su viacrucis.

    “Extraño todo de mi Venezuela. Es terrible porque yo tenía mi vida allá. A la edad que yo tengo tenía una vida ya hecha con mis hijos, mi familia, mis amigos, mi casa, mi trabajo y tuve que dejar, como se dice, todo botado para buscar un futuro para mis hijos, para mi nieto más que todo, que es el más pequeño.  Esperé a que mi hijo se graduara para venirme, pero no ha sido fácil, nada fácil”, señala María Eugenia.

    Para esta venezolana de 49 años llegar no fue lo difícil, lo difícil ha sido mantenerse, pedir limosna, pensar en cómo rebuscarse la comida del siguiente día y ver de qué manera podrán salir adelante en un país desconocido e inquietante, que, pese a los avances, todavía tiene mucha incertidumbre frente a la manera de atender la población venezolana.

    Una de las alternativas de María Eugenia y su hija para lograr tener un ingreso diario, ha sido el de recurrir a la venta de galletas y dulces en el Transmilenio, un espacio que les ha permitido encontrar algo de dinero, pero también algo de insultos y rechazos por parte de esos colombianos intolerantes que no comprenden la situación de los migrantes y refugiados venezolanos.

    “Mi hija es profesional, docente de matemáticas, y a raíz de nuestra situación, ahora trabaja humilde y honestamente en el servicio de transporte público de esta ciudad, donde le han dicho cosas como: ¡por qué no se devuelve para su país veneca! Y otra serie de groserías que me da pena mencionar”, añade María Eugenia.

    A ofensas como estas son sometidos los migrantes venezolanos todos los días, como si ellos tuvieran la culpa de su situación. Diariamente un venezolano es señalado, ofendido y humillado por la falta de conocimiento y de empatía de algunas personas que se han dejado contaminar por los juicios y las generalizaciones que se forman a través del voz a voz de las malas noticias y de las desinformaciones de los medios de comunicación que estigmatizan y etiquetan la situación venezolana.

    Pero, afortunadamente y para mantener la esperanza de que aún existen buenos corazones, María Eugenia ha encontrado unas manos amigas y solidarias que le han sido extendidas para solucionar gran parte de sus problemas de estadía en Bogotá.

    “Hemos tenido una bonita experiencia desde que encontramos un lugar que se llama Abastos, la gente nos ve y nos dice: ¡Eh venezolano!, toma esto, toma lo otro. Nos dan fruticas para los niños y nos regalan una sonrisa. Así mismo, la gente nos ha regalado cosas para que los niños puedan estudiar, como el uniforme de educación física que fue donado por parte de una señora”, dice María Eugenia.

    Para María Eugenia esta es una situación de paso. Se aferra a la idea de que algún día Dios les va a permitir regresar a su patria y que, si algún día Colombia llegará a atravesar una situación como la de Venezuela, que, por supuesto desea que así no sea, ella será la primera en abrir las puertas de su casa para recibir a un hermano colombiano.

    ¡Qué ojalá nunca tengan que vivir lo que a nosotros nos ha tocado!

     

     

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    1 Comentario

  • Responder Idalith 15 Septiembre, 2018 at 1:01 am

    María Eugenia: Te dejo mi abrazo fraterno, mi respeto y admiración por tu valentía.

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