Amigos, primos y hermanos, la nueva familia venezolana

Andrés y Alba Solórzano son dos hermanos de 25 y 23 años provenientes del Estado Aragua, Venezuela. Llegaron a Colombia hace 16 meses en compañía de su padre y decidieron apostarle a vivir en Bogotá.

Jorge Santana tiene 31 años, es primo en segundo grado de Andrés y Alba, y al igual que ellos dos, es de Araguá. Jorge llegó a Colombia hace más de un año en busca de nuevas oportunidades para su familia, y aunque no tiene esposa ni hijos, sí dejó en Venezuela a su madre y sus hermanos.

Por último, y junto a ellos, vive Alfonso Ramírez, de 26 años amigo desde la infancia de los hermanos Solórzano.  Se conocieron en la iglesia donde asistían cuando tenía nueve años, pues vivían en el mismo sector.

Los cuatro conforman una familia venezolana que se ha radicado en la capital del país y juntos, aunque distintos, han podido organizarse y vivir por más de un año.

Todos tenían una historia de vida en Venezuela. Andrés era estudiante universitario y trabajaba como comerciante de calzado, Alba es psicóloga y ocupaba un alto cargo en una empresa privada del país, Alfonso trabajaba en la Contraloría y era jefe de área, y Jorge era dueño de una empresa de cárnicos.

Para ninguno salir del país fue una decisión fácil. Andrés, por ejemplo, comenta que inició a prepararse mentalmente antes de abandonar su natal Venezuela.

“El primer paso fue aceptar que debía salir de mi país.  Aun estando en Venezuela, mi cabeza ya estaba empezando a imaginar que ya no vivía en el país, sabía que tenía que prepararme y buscar la manera de que todo fuese más fácil”, relata Andrés Solórzano.

En Venezuela cada uno vendió parte de sus pertenencias con el fin de recolectar dinero para comprar los tiquetes de los buses que los llevarían hasta el puente Internacional Simón Bolívar, en Cúcuta.

“Vendimos todos nuestros electrodomésticos a escondidas en ventas de garaje porque nos daba temor de que nos pasara algo. No queríamos que nadie se enterara que saldríamos del país y que dejaríamos nuestra casa sola”, recuerda Alba Solórzano.

Inicialmente Alfonso y Jorge llegaron a lugares distintos, al sur de Bogotá, mientras que los hermanos Solórzano fueron recibidos por una familia colombiana que durante un mes los hospedó en su casa al norte de la capital colombiana.

Buscar vivienda no fue nada fácil, nadie le quería arrendar a personas venezolanas. El tema del papeleo, del fiador y de los trámites para rentar un apartamento dificultaban la adquisición de un lugar dónde vivir.

Alba y Andrés, a los pocos meses de haber llegado a Bogotá, y después de rezar todos los días, lograron ubicarse en un apartamento de seis por tres metros, ubicado en un cuarto piso al norte de la ciudad. Jorge y Alfonso se unieron tiempo después, y junto a Andrés y Alba, iniciaron una nueva familia.

“Duramos un tiempo sin concina, tomando sopa con tenedor y durmiendo en el piso, pero no importaba, estábamos saliendo adelante juntos. Esta situación nos ha vuelto más humanos y sociables; por ejemplo, cuando yo trabajaba no saludaba ni siquiera a la secretaria. De estas lecciones de la vida hemos aprendido y harto,” cuenta Alfonso Ramírez.

Los cuatro han pasado por diversos oficios durante el tiempo que llevan viviendo en Colombia. Andrés, por ejemplo, ha trabajado en la venta de ropa para dama; Alfonso ha sido vendedor de comidas rápidas y ha trabajado en un Call center; Jorge ha sido mesero, y Alba es administradora de un salón de belleza.

Les gusta este país, esta ciudad, y aunque las costumbres son distintas, especialmente en diciembre, se han adaptado al ritmo de la gente, a las comidas y al transporte público que, según ellos, es lo más complicado.

Piensan pasar este diciembre juntos, extrañando la música, los regalos y la rumba hasta el amanecer. En esta navidad prepararán las tradicionales hallacas, la ensalada de gallina y el pan de jamón, y juntos esperarán el 2019 con la esperanza de que el próximo año continúe trayéndoles mejores oportunidades, pues Andrés y Jorge quieren montar su propia empresa de arepas, mientras que Alba y Alfonso quieren mudarse a España para iniciar un nuevo proyecto de vida.

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