Granizal, una tierra de refugiados, migrantes y solidaridad

Faisury Esmeralda Ulcué Guasaquillo, una joven indígena paez proveniente del Valle del Cauca, llegó a Medellín cuando apenas tenía 15 años, producto del desplazamiento forzado a causa de la guerra. Junto con su padre y sus hermanos caminaron días, aguantaron hambre y durmieron en las calles.

Ahora, esta joven indígena vive en la vereda Granizal, un territorio ubicado en el municipio de Bello, al norte del Valle de Aburrá del departamento de Antioquia, a 17 minutos en carro desde Medellín.

Según la Gobernación del departamento, Granizal es el segundo asentamiento de población desplazada más grande del país con un estimado de 25.000 habitantes, donde el 90% son víctimas del conflicto armado. Pero ahora, de dos años para acá, este sector ya no cuenta solamente con población colombiana que ha sido desplazada, sino también con migrantes y refugiados venezolanos que han encontrado en Granizal un refugio y una oportunidad para emprender una nueva vida.

Es el caso de Cristina Arévalo, una venezolana proveniente de la ciudad de Maracaibo, la capital del estado de Zulia, que llegó a Granizal hace un año con más de 10 familiares. Gracias a la solidaridad de una habitante de la vereda, quien le ofreció una vivienda gratis por unos días mientras se estabilizaban económicamente, Cristina y su familia lograron conseguir un lugar donde pasar las noches.

“Entre pobres nos entendemos, ellos han vivido lo mismo que nosotros y por eso se ponen en el lugar de nosotros. La señora que nos ofreció la casita también ha tenido que pasar cosas difíciles y, fuera de la casa que nos ofreció, nos deja tomar alimentos de su tienda sin pagar un peso, eso a mí me ha ayudado mucho”, señala Cristina.

Faisury, ella colombiana, y Cristina, venezolana, comparten una misma historia: la de tener que salir de su tierra, llegar a un lugar desconocido y empezar de cero. La misma historia de apoyarse en la solidaridad de los demás y aprender a levantarse.

“Uno ya sabe cómo es la situación porque le ha tocado vivir cosas como dormir en la calle. Uno sabe qué es tener solo agua de panela para el camino, uno sabe qué es lo que se siente en las noches de lluvia cuando el único refugio es un andén. Estas experiencias hacen sentir el dolor ajeno”, manifiesta Faisury.

Según las recientes cifras entregadas por Migración Colombia, a corte del 30 de agosto de 2018, a Colombia han llegado 935.593 venezolanos, de los cuales el 7,6% se han asentado en el departamento de Antioquia.

Granizal alberga una parte de ese 7.6% de venezolanos que han llegado al departamento. Allí, la Junta de Acción Comunal, donde Faisury ejerce como secretaria, organiza planes de apoyo e integración con la comunidad para atender las necesidades más urgentes de las personas venezolanas.

“Ahora, sabiendo lo que se siente, es muy doloroso ver a los compatriotas venezolanos, que les toca salir de su país, así, como de repente, sin nada. Es algo difícil, pero en lo poquito que uno tiene, los tratamos de ayudar. Con la Junta de Acción Comunal del barrio tratamos de ofrecer lo mejor y estar pendiente de las necesidades de los demás”, asegura Faisury

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