La xenofobia no es un juego

En el 2014 Olga Lucía Muñoz*, proveniente de Venezuela, llegó a Colombia junto a su esposo en busca de un nuevo comienzo para su familia. Socióloga de profesión, esta caraqueña, encontró en Bogotá una ciudad de oportunidades para apostarle a un futuro estable.

En Caracas tuvo su primer hijo, Juan Camilo López*, que por esa época rondaba los ocho años de edad y cursaba cuarto de primaria en uno de los mejores colegios de Caracas, en Venezuela.

Juan Camilo pisa por primera vez tierra colombiana en 2015, cuando Olga ya se encontraba algo estable y podía costearle una educación adecuada.

“En 2015 me traje a mi pequeño y a mi madre de Venezuela. Gracias a Dios le conseguí un cupo en un colegio comunal del norte de Bogotá. El rector nos abrió las puertas de la institución y nos brindó el apoyo necesario para que Juan pudiera iniciar sus clases”, contó Olga Lucía.

Según lo relata su mamá, de 2015 a 2017 Juan Camilo cursó todos los grados sin ningún inconveniente, en un ambiente escolar agradable y rodeado de amigos. Pero este año, y por primera vez desde que estaba en Colombia, Juan Camilo experimentó lo que se siente ser rechazado por su nacionalidad.

“Todo empezó por un grupo de WhatsApp en el que estamos todas las madres de los niños del salón. Una de las madres un día puso un audio ofensivo en contra de los venezolanos donde incitaba al rechazo”, relata Olga Lucía.

Luego del comentario ofensivo, vino otra situación que afectó la estabilidad de Juan Camilo y lo convirtió en un niño silencioso y menos sociable.

“Juan tuvo que hacer un trabajo en grupo justo con la hija de la señora que puso el comentario xenófobo en el grupo.  La niña inicialmente no quería reunirse con mi hijo, así que yo llamé a la mamá y accedió para que se reunieran en la casa de ella para realizar el trabajo. Cuando llegamos a la casa, la mamá no estaba, la niña abrió la puerta y dijo que no nos dejaría pasar porque se ensuciaba la casa, así que nos llevó al salón comunal, a un lugar oscuro para trabajar. Dejé a mi niño, y al rato volví con por él y lo encontré trabajando solito. Así que decidí llevármelo y que hiciera la tarea por su cuenta”, señala Olga Lucía.

Otra de las situaciones a las que se ha tenido que enfrentar esta madre venezolana es al rechazo de su hijo por parte de la mesa administrativa del colegio.  Según Olga Lucía, Juan Camilo cuenta con un nivel académico alto, cumpliendo con los requisitos mínimos para aspirar a una beca académica.

En vista de poder aspirar a un descuento en la matricula estudiantil, Olga Lucía, decidió pasar una carta para aspirar a este beneficio; nunca contestaron su solicitud y posteriormente alguien le comentó que las razones detrás de este hecho era su nacionalidad.

Casos como el de Juan Camilo, que hoy tiene 12 años, se han presentado con otros niños en esta institución. Por esta razón, Olga Lucía decide compartir su historia, con el fin de invitar a las madres venezolanas a que alcen su voz de protesta en contra de los actos de xenofobia, porque no es un juego para los niños.

*Nombres cambiados para proteger su identidad.

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