Ni de aquí ni de allá

Todo estaba listo, Andreina Romero y Ender Bernal ya tenían planificado su día. Desde muy temprano se organizaron, buscaron reemplazo para atender su puesto de jugos de naranja y alistaron la carpeta con los documentos necesarios para ir a la Registraduría.
Ender, de 22 años y Andreina, de 25, son dos jóvenes provenientes de Caracas, Venezuela. Se conocieron en el Puente Simón Bolívar, frontera que divide a Cúcuta con Venezuela. Ella vendía artesanías en acero y él ejercía como administrador turístico. Entre idas y venidas, se enamoraron y decidieron emprender una vida juntos.
Al igual que muchas personas venezolanas, la joven pareja salió de su país natal en busca de un mejor futuro para ellos y sus familias. A los pocos meses después Andreina quedó embarazada.
No esperaban tener un bebé en medio de la situación en la que se encontraban, pues habían salido de Cúcuta sólo con unas pocas cosas y se disponían a emprender una nueva aventura por las carreteras colombianas hasta llegar a Bogotá.
Con tan solo dos meses en el vientre de Andreina, el futuro bebé ya estaba enfrentando la dura situación por la que atraviesan centenares de niños y niñas refugiados y migrantes. En este caso, con tan poco tiempo de vida, ya había recorrido más de 500 kilómetros, aguantado hambre y dormido en la calle.
“No fue sino hasta los ocho meses que pudimos hacernos una ecografía, porque si había para la ecografía no había para comer, entonces tocaba esperar”, manifestó Andreina.
Este era el segundo embarazo de ella, pues hace cinco años tuvo a su primer bebé del que tuvo que separarse. Para Ender, por el contrario, era su primera vez como padre.
Finalmente, y para mejorar su condición de vida los jóvenes esposos decidieron desplazarse a Cali como última opción para emprender una nueva vida, y es entonces en la Sultana del Valle, donde un 12 de agosto de 2018 nace Elianny Andreina Bernal Romero.
“El parto fue normal y rápido. El más ansioso era Ender, pues era la primera experiencia para él como padre”, manifestó Andreina.
Además de los pañales, la leche y la ropa, para la familia Bernal Romero también era importante darle una identidad a Elianny, pues al igual que muchos padres y madres venezolanos que tienen sus hijos en Colombia, para ellos no era claro cuál era el paso a seguir para registrar a su niña.
Sin ninguna orientación, recurrieron a una de las notarías de Cali pensando que allí podrían entregarle algún documento que lograra constatar la existencia de Elianny. En efecto, no lograron el trámite, pues según lo aseguraron los jóvenes padres, la notaría les informó que allí no se podría realizar este tipo de gestión.
“La experiencia en la notaría nos llenó de temor, la funcionaria que nos atendió no nos orientó y nos discriminó por el hecho de ser venezolanos”, relató Ender
Para Ender y Andreina lo importante era tener un documento que constara la existencia de su bebé, no querían más. Llevados por esa idea acudieron a informarse sobre la situación y se dieron cuenta que el registro podría realizarlo la Registraduría.
Esa mañana los tres se pusieron sus mejores galas, era un acontecimiento importante. Con los nervios a flor de piel, los jóvenes padres entraron a una de las sedes de la Registraduría de Cali, e inició el proceso.
El documento de la Registraduría tenía todos los datos diligenciados: lugar, fecha y hora de nacimiento, nombre de los padres, todos menos uno, el de la nacionalidad de la Elianny.
“Yo sé que este documento no me da la nacionalidad de mi niña, pero estoy más tranquila porque por lo menos tengo un papel serio donde está el nombre de ella”, señala Andreina.
Lo cierto es que Elianny ahora hace parte de los bebés de padres venezolanos que no son ni de aquí ni de allá, una realidad que avanza a pasos agigantados, pues la situación migratoria ha provocado que varios niñas y niños venezolanos estén en riesgo de ser apátridas.

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